Intercambio CHILE-ECUADOR, Volcán RUCU PICHINCHA

Primer día de intercambio “Volcán Rucu Pichincha” de 4.696 metros de altitud.

El día anterior fue largo y cansador, por lo que estábamos muy ansiosos de comenzar nuestra primera actividad planificada del intercambio Chile-Ecuador… el Rucu Pichincha.

Nuestros amigos del CAP se encargaron de llevarnos de los hogares donde estábamos hasta la entrada del Teleférico, en donde nos reunimos con algunos miembros del CAP que nos acompañarían en ésta salida. Estábamos algo temerosos, pues pasaríamos de los 2800 msnm de Quito (3000 msnm desde la base del volcán) hasta los 4000 msnm, al subir en teleférico. Al llegar al inicio del sendero, el Rucu (“viejo” en idioma Quichua) se mostraba imponente ante nuestros ojos.

Comenzábamos nuestro ascenso probando a cada paso si existía algún tipo de efecto causado por la altura. Para nuestra sorpresa, la altitud nos trató bien, por lo que el ascenso se hacía bastante agradable. El paisaje y la compañía de nuestros amigos Ecuatorianos también aportaba un ambiente más cómodo para nosotros. Luego de algunas horas, llegábamos a la cueva del Oso, descanso obligado para ponerse casco debido a las rocas que se desprenden en el último tramo hacia la cumbre, y además, para apreciar el paisaje que se nos mostraba. Pudimos comer algo, y entonces, debíamos continuar para intentar hacer nuestra primera cumbre en Ecuador.

Un arenal y un último tramo rocoso nos guiaba hacia una cumbre anhelada y esperada, nuestro primer logro.

A 4.696 metros nos encontrábamos con algunos otros grupos pequeños que también conseguían la cumbre del Rucu… llegábamos así a cumplir nuestro primer hito en este intercambio, contentos, cansados, algo agitados… pero plenos.

Luego de algunos minutos de descanso y comida (maravillosa comida!) que nos compartían los chicos, comenzamos el descenso, ya más tranquilos, menos temerosos y muy felices. De camino al teleférico, no pudimos evitar portarnos como niños y subirnos al columpio del Rucu. A 4000 msnm meciéndose, la respiración se aceleraba, no sabíamos si por la altura o por la alegría de recordar la infancia. La vista directa a la ciudad desde ese lugar nos entregaba una postal inolvidable.

Nos subíamos al carro del teleférico que nos llevaría a la base, donde nos esperaba uno de nuestros anfitriones para guiarnos a casa, a descansar.

Cansados y con una sonrisa inmensa terminábamos ésta jornada de cumbre… nos esperaban muchos días más…

 

 

 

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