Travesía P.N.Huerquehue – Renahue – Río Blanco

 

 

Relato de SILVANA QUINTEROS

El primer proyecto de travesía, primera experiencia de guía y planificación de salida. Un poco de ansiedad acompañaba los días mientras se acercaba la fecha de salida.

Una nueva aventura nos esperaba… Una espera eterna antes de partir en bus hacia Pucón brindaba un poco más de nerviosismo y expectación. Tres horas de retraso que nos permitieron compartir y prepararnos para la convivencia futura. Era un grupo diverso, con personalidad únicas que debíamos conjugar para el éxito de la salida. Esas tres horas nos brindaron el espacio perfecto. Las 10 horas originales de viaje se convirtieron en un poco más de 13. Debíamos estar a las 8:30 en Pucón, pero algunas variables retrasaron nuestra llegada al parque, lo que nos hizo renunciar a la primera parte del plan… subir el San Sebastián sería postergado para una próxima oportunidad.

Ya en el parque, luego de 50 minutos de viaje en transporte privado, nos recibía Gumercindo, quien tenía instrucciones de dejarnos recorrer el sendero Huerquenes que se encontraba cerrado para los visitantes. Jhon, uno de los guardaparques del parque, y quien, ante la insistencia telefónica de la guía de la expedición, había otorgado el permiso extraordinario a los 7 integrantes para proceder. Ya con la decisión de renunciar a la cumbre del San Sebastián, nos dirigimos a armar nuestro campamento en las orillas del lago Tinquilco, de tranquilidad increíble, que hacía total justicia a su nombre (Tinquilco significa Aguas quietas).

Ya con nuestro campamento instalado, tomamos nuestras mochilas de ataque para recorrer el Sendero Quinchol del parque. Un sendero de aproximados 8 kilómetros de extensión y casi 800 metros de desnivel, nos maravillaba en el primer metro de recorrido. Nos recibía un sendero marcado, cubierto por grandes coihues que se estiraban hasta casi alcanzar las nubes; las quilas, aparecían en cada rincón del sendero, obligándonos a buscar su verdadero nombre (colihue o quila); gracias a la humedad del lugar y la frondosidad del bosque que cubría el sendero, los helechos, líquenes y musgo abundaban, permitiéndonos además, observar a los pequeños inquilinos que se escondían entre ellos. Lagartijas esbeltas salían curiosas ante los 7 visitantes. Las enredaderas se abrazaban a los troncos firmes de los coihues, brindándonos un paisaje de cuentos, donde la naturaleza reinaba a cabalidad, sin dejar paso al urbanismo. Eran ya cerca de las 16:00 horas y el sol se asomaba a ratos entre las siluetas de los arboles en el primer mirador del sendero.  Algunos chucaos salieron al camino, curiosos y territoriales, indicándonos que entrába.mos en su espacio y que debíamos respetarlos. Una bienvenida sonora y armoniosa. Cantaban juntos chucaos, hued-hued, queltehues, cachañas, rayaditos y picaflores, encantandonos aún más.

Luego de 1 hora de caminata aproximadamente, comenzaron a aparecer las primeras araucarias, que nos conducirían a un bosque donde el sendero se adentraba, y en donde convivían junto a gigantescos coihues, las araucarias, como damas espigadas y sabias.

Tras caminar casi 5 kilómetros, llegamos a nuestro destino para el día, Pampas de Quinchol, una explanada donde abunda el coirón, y donde reina una araucaria imponente sobre un trono de rocas, lugar en el que descansaríamos para alimentarnos y recargarnos de energía. Desde este lugar podíamos contemplar los Volcanes Lanin, Quinquilil, Villarrica, Choshuenco y Quetrupilán. Luego de algunos minutos comenzamos el descenso por un bosque de robles, que nos llevaria a una segunda explanada de coirón, que luego nos conduciría por otro sendero cubierto de bosque, guiándonos hasta el comienzo del sendero, y de vuelta al campamento.

Para el segundo día partiríamos a las 9:30, y luego del encuentro con un chucao en campamento, con dirección sendero Los Lagos. Un sendero con poco desnivel en su comienzo, que nos ofreció moras como ración de marcha, y que nos llevaría hasta el muelle en el Rincón, donde pudimos apreciar la bruma de la mañana posándose sobre el lago Tinquilco. Continuamos nuestro camino por un camino vehicular hasta alcanzar el inicio del sendero Los Lagos, y donde se observa una mayor pendiente del sendero. Los coihues ahora comparten espacio con enormes Mañíos. Luego de caminar por este bosque encantado, alcanzamos el desvío que indicaba el sendero hacia la Cascado Nido de Aguilas. Mientras algunos integrantes se adelantaban hacia la cascada, los demás se quedaban en el mirador del sector con vista al Volcán Villarrica, disfrutando del espectáculo entregado por un par de Carpinteros. Continuando nuestro camino, nos encontramos con un tramo en ascenso, y luego de aproximadamente 2 horas, llegamos a Lago Chico, que nos daba la bienvenida apareciendo entre cerros cubiertos de bosque. Continuamos hasta llegar a Lago Verde, con sus aguas de éste color y donde nos quedamos solo unos minutos, para volver por el sendero hacia el lago El Toro, en donde tendríamos nuestro merecido almuerzo, y, en el caso de un valiente, un baño en sus aguas. En este sector podíamos apreciar directamente la cumbre del San Sebastián y el Araucano, su vecino. También podíamos contemplar a lo lejos los robles comenzando a teñir sus hojas de rojo, con el comienzo del otoño. Rodeando el lago El Toro, podemos observar araucarias de casi 1000 años de edad. Entramos entonces al sendero Huerquenes, hacia el lago Huerquehue, ya entrando la tarde. Subiendo por una pronunciada pendiente, llegaríamos al mirador Renahue, para luego comenzar el descenso hacia el valle del Renahue, y nuestro destino por el día, el campamento del mismo nombre, tras caminar cerca de 15 kilómetros.

Algunos huevitos de chocolate aparecen a la madrugada siguiente (es domingo de resurrección) y nos alientan a seguir nuestro camino. Partimos a las 8:00 siguiendo el camino que ahora está poblado por robles, michay, voqui, chaura y araucarias, en un ascenso continuo para luego descender. Una familia de vacas nos acompañaron parte del camino. Cruzamos algunos pequeños esteros de agua cristalina, para llegar a una explanada donde tendríamos nuestro único descanso antes de continuar camino. Luego de algo más de 7 kilómetros, alcanzamos nuestro destino, Termas de San Sebastián.

Un merecido relajo luego de esta travesía de 3 días, con piscinas de agua termal en las que pasamos algunas horas. Luego del almuerzo de camaradería, volveríamos en Transfer privado desde las termas, por el camino Reigolil, pasando por Curarrehue y llegando a Pucón unas 3 horas más tarde, para emprender las 10 horas de viaje de vuelta a Santiago.

Podemos cerrar éste relato diciendo que fue una experiencia increíble, con paisajes más hermosos que lo que podríamos anticipar. Regresamos maravillados y agradecidos de todos los que colaboraron de alguna forma en la realización de ésta travesía.

 

Travesía Huerquehue, marzo 2018

  • Belén Labiano
  • Escarly Nastro
  • Angelika Ovando
  • Marcelo Quilodrán
  • Silvana Quinteros
  • Maritza Quintral
  • Juan Carlos Veliz

 

 

 

 

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