Volcán San José, Un gigante dormido, 5.856 msnm

Era día de semana, por lo tanto había que juntarse muy temprano para no estancarse en los tacos. El miércoles 9 de marzo del año 2016, a eso de las 6:30 hrs. de la madrugada y aún de noche, nos dirigíamos raudos rumbo al Cajón del Maipo para enfrentar nuestro desafío de alta montaña. Es una ruta expedita cuando no hay vehículos en exceso en la vía, por lo tanto, el salir temprano nos permitió avanzar con fluidez hasta el retén de San Gabriel, donde daríamos aviso oportuno de nuestra salida hacia el volcán. Luego de ese trámite de rigor, nuestro destino era el sector del Cabrerío, lugar donde debíamos contactar a un arriero de nombre Iván, con el que arrendaríamos unas mulas que nos permitiría avanzar más ligeros ese primer día de ascenso a nuestro imponente destino.

Aproximadamente como a las 9 de la mañana y con un día que prometía exponer todo el colorido de esas fantásticas montañas del sector, llegamos a la zona sin ningún contratiempo. Rápidamente hicimos el contacto con Iván, el arriero, para el arriendo de las mulas de esa primera jornada. Una vez hecho el trato, preparamos nuestro equipo y comenzamos a caminar rumbo al sector del valle de la Engorda.

El grupo estaba conformado por Jhoanna Sepúlveda, Robinson Cornejo y Gonzalo Poblete. Una cuarta integrante muy entusiasta, se sumaría solo hasta el sector de Las Lajas, la que bautizaríamos con el nombre de Pepa, una perrita que nos siguió sagazmente desde el Cabrerío.

DSC03925_1555x1166 Pepa

Nuestra primera jornada se realizó con tranquilidad, no había apuro, ya que el sector de Las Lajas, donde haríamos nuestro primer campamento, se encontraba relativamente cerca, a unas 4 a 5 horas aproximadamente de caminata.

En el trayecto nos detuvimos en el refugio Plantat, donde comimos algunas raciones de marcha, nos hidratamos bien y descansamos un rato antes de proseguir con nuestra marcha.

Nuestro primer campamento en el sector de Las Lajas, lo realizamos en un lugar que denominamos “Campamento lunar”, que se sitúa a unos 4.200 metros de altura. Lugar que cuenta con agua cerca, factor importante a la hora de escoger el campamento.

 

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Campamento Lunar a 3.800 msnm.

Era un día soleado pero no caluroso. Llegamos cerca de las cuatro de la tarde e inmediatamente nos dispusimos a montar el campamento sin apuro para luego descansar de nuestra jornada.

Fue una buena noche, harto descanso y buena comida. El desayuno como a las 10 de la mañana entregaría la energía necesaria para realizar la segunda jornada de ascenso que no contempla ganar mucha altura, sino aclimatar en un segundo campamento a 4.200 msnm.

Partimos a las 12 del medio día. El desnivel entre campamentos es menor, apenas 400 metros, pero por otro lado, aumentaba la inclinación de subida y comenzaría en este tramo la caminata por inclinados neveros. A nuestro favor, el sol por la tarde, mantenía la nieve blanda, por lo tanto no había necesidad de usar crampones aún.

La instalación del campamento se realizó con normalidad, pero con más calma ya que la altura se notaba en el cuerpo al hacer movimientos rápidos.

Aún el apetito andaba bien por lo tanto se comía bastante, ya que no sabíamos en qué momento eso cambiaría y dejaríamos de comer como lo veníamos haciendo hasta el momento.

Durante la subida no vimos muchos montañistas, solo una pareja de checos que venían de vuelta y que habían intentado realizar la cumbre en un solo día. Eso según lo que leímos en un libro de registro que se encontraba en Plantat. Nos comentaron que solo habían llegado a una altura de 5.000 metros aproximadamente, según lo que intentaba explicar el checo, en un poco entendible español. Venían muy cansados de esa jornada y era entendible, ya que intentar subir el volcán de una sola vez, es bastante arriesgado por decir lo menos. En un momento el checo me pregunta si yo sabía del clima para los futuros días. Le comento que hasta el domingo había buen clima y con poco viento, según los pronósticos. Con esa pregunta me dejaba claro que intentaría subir en los próximos días al volcán.

 

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Pareja de Checos

También en el segundo campamento nos encontramos con una pareja de jóvenes chilenos que venían de vuelta de haber hecho cumbre. Nos comentan de un gran derrumbe de rocas en un nevero que estaba antes de los penitentes y que tuviéramos máximo cuidado al cruzar esa zona.

Al otro día nos levantamos como a las 8 de la mañana para desayunar y preparar todo para nuestra siguiente caminata. Partimos como a las 10:30 de la mañana al tercer y último campamento antes de intentar hacer cumbre.

Sería una jornada con mayor desgaste. Esta marcha no presentaba tanto desnivel, solo 600 metros, pero con un aumento considerable de la inclinación en subida. El paso por el nevero a tempranas horas de la mañana hizo que usáramos por primera vez los crampones.

Luego de pasar el nevero con el derrumbe, ingresamos al sector de los penitentes, haciendo que la subida fuera más lenta, teniendo que avanzar con un mayor grado de concentración para no perder la ruta, ya que la huella había que hacerla por el mejor paso posible según la altura de los famosos penitentes. Luego de salir de estos, retomamos la ruta lógica por un sendero no muy marcado pero sendero al fin y al cabo, para luego remontar el último tramo al campamento alto, por un acarreo bastante pesado.

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Paso de nevero con derrumbes.

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Paso de penitentes.

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Acarreo antes de llegar al último campamento.

 

 

Llegamos al último campamento cercano a las tres de la tarde, con un clima muy estable. Cruzábamos los dedos para que se mantuviera con esa estabilidad por dos días más por lo menos.

Ya instalados en el campamento, solo había que alimentarse bien y descansar desde algo más temprano de lo habitual, ya que la jornada que se venía comenzaría a eso de las 2:30 de la madrugada. Preparar el equipo necesario para salir sin contratiempos era el objetivo primordial antes de ir a acostarse.

 

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Campamento alto, 4.800 msnm.

En la altura siempre se duerme muy poco, es muy difícil conciliar el sueño y en esta ocasión no habría excepción. De pronto el despertador digital del teléfono interrumpe abruptamente el poco descanso que se había logrado obtener. El momento de subir llegaba. Ya no hay vuelta atrás y lo sabemos. Nuestra hora programada de salida era entre las 3:30 y las 4:00 am. Partimos a las 3:45 am., muy buena hora para comenzar a subir. Unas palabras antes de la salida siempre son buenas para preparar el ánimo.
Subimos lento, con calma, no queríamos cometer errores. La ruta era visible ya que la linterna iluminaba bastante. Una buena iluminación es clave en la noche, sobre todo si no hay luna que ilumine el camino de manera natural y de esa manera poder distinguir el sendero que suele cubrirse en algunas partes por la nieve.

Cuando no se conoce la ruta tienes que apelar a una lógica de cerro que se repite en muchas montañas, en este caso tenía claro que había que subir lo más alto por el filo y en un punto tomar rumbo hacia el portezuelo. Y así lo hicimos a pesar de estar tentados de cruzar un poco más abajo de donde lo cruzamos finalmente.

Esta parte, desde donde se cruza el glaciar hasta que uno llega al portezuelo y finalmente al cono, es la más larga de la jornada, ya que es la hora de mayor frío, por lo tanto en cada segundo de ese trayecto, se siente la fuerza gélida de la montaña.

Es en estos momentos donde realmente comenzamos a conocernos. Donde nos vemos enfrentados a nuestros miedos, es decir, no solo a la montaña, sino a lo desconocido de nosotros mismos. El vivenciar hasta qué punto somos capaces de soportar esas fuerzas poderosas de la naturaleza, ya que esas fuerzas se presentan de manera violenta y amorosa a la vez, porque nos acompañan a lo largo de ese recorrido y solo nos suelta cuando logramos llegar a la cumbre. Y muchas veces es una cumbre incierta, pero generosa si te premia con su cima colmada de grandeza y belleza escénica, golpeándonos y recordándonos que somos seres diminutos y frágiles ante la descomunal visión de todo lo que podemos observar desde esas grandes alturas y donde te encuentras con un sol que te abraza, casi de la misma manera, como un padre o una madre abraza a sus hijos. En esta ocasión cuando finalmente logramos alcanzar esos primeros rayos de sol, después de haber vivido ese frío extremo, sentimos que éramos premiados con el mejor regalo que se puede tener, donde el sentimiento de agradecimiento se presenta de manera espontánea y las emociones se confunden entre el cansancio y la alegría de haber llegado a la cima.

 

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Vista al norte desde la cumbre del San José, con el Marmolejo presente en la panorámica.

 

Llegamos a la cumbre o ante cumbre a eso de las 9 de la mañana. Fueron 5 horas de ascenso desde el campamento hasta el cráter. A la cumbre internacional del volcán, llegamos como a las 9.30 hrs.

 

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Cumbre volcán San José.

Luego de las fotos de rigor empezamos a bajar pasado las 10.30 ya que el viento comenzaba a aumentar, volviéndose bastante incomoda la estadía por más tiempo en la cumbre.

Retornamos al campamento alto (4.800), como a las 12:30 pm. En el camino de bajada, cerca del portezuelo, nos encontramos con el montañista checo, que iba subiendo nuevamente al volcán, pero esta vez en solitario. Luego muy cerca de las dos de la tarde, pasa de regreso el checo, con claras señales de ir en un estado de cansancio máximo, tambaleándose de un lado a otro. Me cuenta que había salido a las tres de la mañana desde Baños Morales,… uff es mi exclamación, pero no le comento que creía que eso era una locura. Al final nunca sabremos el estado en que llegó de regreso ese montañista, ya que era una larga jornada de retorno y si estaba prácticamente destruido a los 4800 sería obvio que su estado al llegar a Baños Morales sería de agonía, si es que llegaba.

Ya de regreso en el campamento la intención de nuestro grupo era bajar por lo menos al segundo campamento (4.200). Esto para que no se nos hiciera muy larga la jornada del día siguiente. Finalmente no se pudo concretar bajar ese mismo día, ya que el estado de cansancio del grupo y principalmente el mío, debido a un súbito vómito que me vino al llegar al campamento, probablemente por agotamiento, nos llevó a tomar la decisión de pasar la noche en el campamento alto y regresar al Cabrerío saliendo muy temprano al otro día.

Tuvimos una buena noche de descanso, todo tranquilo, nada de viento y juntando energías para la jornada de retirada. Yo ya no comía nada sólido, solo líquidos con sales de hidratación, no sabía cómo respondería mi cuerpo en ese día que debíamos llegar al Cabrerío en una jornada de día completo.

Comenzamos a bajar a las 8:30 hrs. de la mañana y llegamos al Cabrerío a las 18.30 hrs. de ese día domingo 13 de marzo de 2016. Finalmente todo anduvo bien en la bajada. Fue una jornada larga con bastante sol y con el deterioro corporal normal de una salida extensa realizada en la montaña. Llegamos bastante agotados pero bastante enteros y muy satisfechos de haber hecho una salida de alta montaña exitosa a ese imponente y gran volcán de nombre San José, cuya silueta se encuentra presente en la memoria de todo montañista que visita esa hermosa y cercana zona conocida como Cajón del Maipo.
Mis agradecimientos sinceros al grupo por el compañerismo, por la fuerza y la entereza presentada en los 5 días que compartimos en este ascenso y por sobre todo, por la buena onda que tuvimos en la montaña…infinitas gracias, misión cumplida.

 

Gonzalo Poblete.
Club de Andinismo El Montañista.

 

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